Transporte de mercancías, energía y digitalización, los beneficiados de la crisis por COVID-19
EFE
Nueva York, Estados Unidos

El transporte, y en especial las aerolíneas, que en 2020 experimentarán un descenso del 24% en el volumen de pasajeros, son algunos de los sectores más afectados por la expansión de la pandemia del COVID-19, mientras que el transporte de mercancías, la energía y la digitalización tienen perspectivas más positivas.

La pandemia del coronavirus ha afectado gravemente a la circulación de personas por las medidas de confinamiento dictadas por los gobiernos de casi todo el mundo, mientras que el de las mercancías se ha mostrado “más resistente, proporcionando cierto apoyo a las operaciones de transporte de mercancías a través de puertos y ferrocarriles”, señala un informe de la consultora y gestora de activos DWS.

El documento analiza los efectos de la pandemia en la infraestructura privada europea y sus consecuencias y las expectativas de rentabilidad a largo plazo en los diferentes sectores, como en el del transporte aéreo, para el que los expertos esperan “una caída acentuada del número de pasajeros en la primera mitad de 2020, seguida de una recuperación en la segunda parte del año”.

Asimismo, señalan que en esta crisis, “las redes reguladas no deberían verse afectadas en gran medida”, al tiempo que indican que la demanda y los precios de la energía eléctrica se han reducido debido a la disminución de la producción industrial y que la infraestructura digital debería beneficiarse de la situación actual por al aumento del consumo de datos.

Según el documento, “las condiciones de financiación deberían seguir apoyando los activos de infraestructuras de alta calidad y con grado de inversión, pero también se observa un aumento de la volatilidad de los diferenciales de crédito”, en concreto en los proyectos energéticos de Norteamérica.

Esta consultora avanza también que en su perspectiva, la demanda de servicios de infraestructura privada se puede recuperar rápidamente una vez que se levanten las medidas de cierre del COVID-19, convergiendo gradualmente con los planes de negocio propuestos, a la vez que consideran que la rentabilidad de la infraestructura privada continuará siendo resistente.

El sector energético y las redes de energía reguladas, sin embargo, no deberían verse afectadas “en gran medida” por la crisis actual, al igual que la infraestructura digital, un sector que ha demostrado ser “esencial” ante el incremento a la fuerza del trabajo remoto ha provocado un aumento importante del flujo de datos.

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