¿Superman ha muerto? De los superhéroes a los narcohéroes, el debate sobre las series que relatan la vida y obra de los grandes narcotraficantes

Con la culminación del estreno de la segunda temporada de la serie Narcos México en el canal estadounidense A&E, se abre nuevamente el debate sobre las narcoseries, su impacto y el poder de difusión que han adquirido en el mundo entero.

Con una inversión millonaria y una audiencia impresionante, la serie original de Netflix ha alcanzado a los masivos públicos televisivos y nos recuerda que se ha instaurado una especie de ‘lenguaje universal’ en tanto no son productos audiovisuales que se limitan a América latina, sino que su producción, a diferencia de las de superhéroes que se circunscriben a Hollywood, se ha extrapolado a EE.UU., Canadá, España, Italia y otras naciones del mundo.

Las narcoseries no presentan la problemática del narcotráfico solamente como una cuestión social o delictiva, sino que cuentan la historia de los ‘narcohéroes’ en particular: Pablo Escobar, ‘el Chapo’, ‘el Señor de los Cielos’, ‘la Reina del Sur’. Cada uno tendrá su propia serie, que narra al mundo su origen humilde, su forma de vida, sus excentricidades, su forma de ejercer violencia, su sensibilidad social y el poder que ha construido gracias a la peligrosa exportación de drogas prohibidas.

Aunque también las hay que narran, siguiendo el estilo de Los Avengers, ‘ligas’ o ‘federaciones’ de narcos, especies de asociaciones que levantan verdaderos imperios, como en Narcos Colombia (sobre el cartel de Cali), Narcos México, el Cartel de los Sapos o las Muñecas de la Mafia.

Una amplia oferta cultural que está a disposición de cualquier   espectador que, cuando así lo decida, puede escoger la serie  (o el ‘narcohéroe’) de su preferencia.

¿Superman ha muerto?

Quizá Superman siga siendo, para los niños, más famoso que el narcotraficante mexicano ‘el Chapo’, pero cada día más gente verá en cualquier parte del mundo las aventuras de éste último por Netflix.

En la medida que va siendo más lejana la difusión en el cine del superhéroe norteamericano, un mayor número de ‘narcohéroes’ se posicionan ante el gran público mundial.

La saga de Los Avengers se circunscribe a cuatro películas que culminaron en 2019 con Endgame. Mientras tanto, las narconovelas se cuentan por decenas y llenan las pantallas televisivas de prácticamente todos los países.

En el caso de Pablo Escobar, este ya cuenta con diversas series de varias temporadas cada una, que no solo nos enseñan su maldad, sino también su razón social con los pobres.

Es posible que en Medellín, Colombia, haya más camisetas y murales con la cara de su narcoestrella que los que hay de todos los superhéroes. Cadenas colombianas como Caracol han aportado tremendamente a que su legado continúe vivo.

Seguramente en Sinaloa, México, se espere más el regreso del ‘Chapo’ Guzmán, preso en EE.UU., que de cualquier líder político.

Pero la situación no se circunscribe solo a esas localidades. La industria de las narcoseries está haciendo de ellas un fenómeno mundial y las productoras de contenido que quieran posicionarse y aumentar sus ingresos deberán contar con una oferta extendida al respecto.

Así, Netflix y Amazon Prime cuentan con decenas de narcoseries, que poseen varias temporadas cada una, según su éxito.

Pasada ya la modernidad, los superhéroes vienen perdiendo vuelo y, en su lugar, los ‘narcohéroes’ los han venido sustituyendo. No estamos en la guerra fría y el 11 de septiembre suena ya como un lejano acontecimiento. En cambio, la serie Breaking Bad, en la que un común profesor de química se convierte en un gran narcotraficante, sigue viva en el imaginario, especialmente el de los estadounidenses.

Narcoseries a debate

El debate sobre las narcoseries se repite cada vez que se conoce el impacto de éstas, cuando se devela la cantidad de dinero invertido en su producción o los millones de televidentes que la siguen o que la bajan a diario.

Hace algunos meses, el propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, abrió nuevamente el debate. “Nada más se difunde lo frívolo (…) pero ¿qué se refleja? Que es como un paraíso el participar en esas actividades ilícitas: mansiones, carros de lujo, poder, muchachas y muchachos guapos, ropa de marca”, criticó.

Por esos días el debate llegó al Congreso de México, cuando un grupo de 20 diputados y senadores integrantes de la comisión de radio y TV pidieron la creación de un grupo conjunto con medios públicos y representantes de la industria cultural. Su objetivo no era censurar las narcoseries, sino impulsar nuevas propuestas que trataran de lavar la cara de un país extremedamente vinculado con el narcotráfico.

Sin embargo, a los pocos meses Netflix lanzó una nueva temporada de Narcos México, que cuenta la vida del primero de los ‘grandes’ capos de la droga, Félix Gallardo, que logró articular en una misma organización a los más importantes traficantes de ese país. La serie también muestra episodios históricos, como el robo electoral a Cuauhtémoc Cárdenas en las presidenciales de 1988 o el contubernio, tanto de los diferentes gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como de la propia Administración de Control de Drogas de EE.UU.(DEA, por sus siglas en inglés), con el entramado narco.

Posiblemente las palabras de López Obrador ya no sean muy recordadas y nadie sepa qué ocurrió con la propuesta de comisión generada desde el Congreso, pero cada noche de las últimas semanas, millones de personas vieron la serie por A&E y seguramente, cada noche que pase, millones la estarán viendo por Netflix.

Lo cierto es que este debate sobre el impacto real de las narcoseries influye a muy pocas personas en relación a las cantidades que las consumen en el mundo.

La imagen de México sigue vinculada a las narcoexperiencias. Así como la de Colombia. Aunque también nuevos países como EE.UU., España, Italia, Canadá y Brasil se van sumando al imaginario narco gracias a estas series.

El debate sigue siendo eso, un debate.

Ociel Alí López

Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de AZUANOS EN NOTICIAS

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